martes, 21 de junio de 2011

Abuso Sexual Infantil

¡Tengo mucho que decir, y no sé cómo empezar!

El domingo en la noche, me tocó ver en una red, que considero inteligente, creadora de contenidos, cuentas de y pro pedofilia, pederastia, etcétera. En ese momento, realmente pensé en cerrar mi cuenta. Nunca pensé ver ese tipo de cosas. Independientemente de los mecanismos para reportar y llegar a una solución para todos, yo reviví una situación, conocida por algunas personas, desconocida para otras.

Abuso sexual infantil. Ver esas fotitos, niños drogados y lo puedes saber por la mirada, por las pupilas, son como una lanza ardiendo, que sólo puede pasar y lastimar a quien lo ha vivido. A veces trato el tema, lo expongo con un par de comentarios, tuits, y referencias en este mismo blog, pero es una de las pocas cosas de mi vida, en las que siendo brutalmente honesta el diagnóstico esta como prueba no superada.

Todavía duele, todavía hay resentimiento, no importa cuántas terapias existan, ni cuántos libros se lean. Ser parte de las estadísticas te incapacita para tomar un papel más activo. Sí, si es incapacitante, el dolor de que otro viva lo que tú viviste, perdura. Hay quien sólo lo condena, otros lo guardan para siempre, otros se vuelven victimarios, unos viven infelices en su sexualidad, pero nadie realmente, que lo haya vivido se atreve a hablar.

¿Qué me mueve a hacerlo?

Generalmente son los padres, familia de la víctima quienes se mueven, tratan de formar asociaciones, crear conciencia, buscan ayuda, psicólogos, negocian, buscan justicia. Pero uno, se calla. Es un dolor silencioso, enorme, de heridas múltiples, te roban la infancia, te quitan la inocencia y te despiertan a una sexualidad que debe dormir por más tiempo.

Yo lo viví de los 6 a los 8 años. Desperté brutalmente a la realidad, cuando mi padre me dio un libro sobre sexualidad. Ahí supe lo que me había pasado. Nunca fui sobrina favorita, ni niña linda… fui su juguete sexual. A partir de ahí empezó mi educación sexual, pero también mi crisis personal.

Todo lo callé hasta los 22 años. Cuando finalmente lo pude abrir. Quizá lo hubiera hecho antes, si mi padre no me hubiera dicho, si te hacen algo me dices y los mato. Cómo mi padre iba a matar a su hermano. Y sólo lo callé. Esa parte... ¡duele mucho!

La única vez que hablé en público de ello, fue en una Jornada, y entre tantos jóvenes, descubrí que no era la única víctima de abuso sexual infantil. ¡Descubrí que éramos muchos! Supe que en la familia, es donde más sucede y que a mí me pasó con un tío, pero había niños que les pasa con sus padres, con hermanos, con abuelos... historias espeluznantes.

Y a veces pienso, mi historia comparada con otras, no es nada, por la violencia. A mí me lo disfrazaron de, “eres la sobrina favorita, los tíos queremos a las sobrinas”, y ahora esos engaños duelen en toda mi vida.

Y no es que por menos sea permisible, o por más condenable. Todo ello es despreciable. Sea familia, iglesia, sea quien sea. Y yo todavía no descubro la manera de evitar que esto siga sucediendo. Y me duele, me desespera, me siento incapaz, frustrada. Por no poder hacer nada. Quizá compartirlo puede ayudar, pero no me siento tan fuerte para estar con un público y abrirlo. Y tampoco es fácil escribirlo.

A lo más que he llegado, y en esa ocasión pedí anonimato, pude compartir en radio mi experiencia, pero fue muy breve y lloré. ¡Pero sé que no me escucho todo el mundo! Y en ese momento decía que era básico buscar apoyo en la fe, practicar una religión, encontrar apoyos en la lectura, buscar atención con un especialista, escribir en una libreta lo más que se pudiera todas esas emociones y canalizar esas experiencias para ayudar a los demás sin pensar que si te lo hacen, lo tienes que hacer. ¡En un punto esa cadena de víctimas-victimarios debe de terminar! Como me decía una persona en twitter, infancia no es destino.

Así como verlos morir no es suficiente para regresar la vida en dónde estaba. Al menos la mía, a los 6 años, cuando aún era una bebé, ¡Que niña ni que nada! ¿Qué sabes a los 6 años, cuando tienes que estar jugando! ¿Qué necesidad de despertar a la sexualidad a esa edad, para todo hay tiempo y cada etapa debe de llegar en su momento!

A veces quisiera ir a hablar a escuelas, pero sé que no podría. ¡Y por ahí podríamos hacer más! Sin embargo yo no me atrevo, ¡qué diría un niño de una señora llorando hablando de sólo Dios sabe qué! Ahí entra la importancia de los padres, de informarse en todo, hay que terminar con el analfabetismo sexual, con los tabúes que han dejado más heridos en batalla que la Segunda Guerra Mundial, y dejar de jugar a que los mal informados despisten a los ingenuos, para tener una vida plena.

Por ahora al único pequeñito al que le puedo decir qué hacer, cómo defenderse, es a mi hijo, le doy confianza, el sabe que nadie mayor debe tocarlo, le inculco confianza, conciencia. Es lo único que puedo hacer por ahora. Sé cómo sobreviví, cómo lo tapó mi mente por años para poder seguir... pero también sé que nadie puede regresar a la inocencia después de una experiencia así, y nadie tiene derecho a robarle a un niño su derecho a ser niño.

Y por lo demás, la vida sigue, con y sin dolor, con lo que tengas, y no sé si lo he logrado, no sé si lo lograré y darle a mi vida otra oportunidad para recomenzar de nuevo.

3 comentarios:

  1. Eso es valor. Escrito en un lenguaje real, sencillo, y que mínimo nos hace detenernos un poco y reflexionar. Los que somos padres lo entendemos, y siempre lo he dicho ante quien quiera escucharme (y también frente a los que no me quieren escuchar) No me interesa quién sea, evitaré a toda costa agresiones a mis hijos. (Para coraje de mi esposa, quien no siempre entiende cuando alejo a mis hijos de los hermanos de ella que quieren influir de mala forma en ellos).

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  2. Este breve texto mi Patty no solo es muy valiente, también es una forma de hacer algo al respecto, hablar de su propia experiencia, al menos para mi que tengo el privilegio de conocerla personalmente me ha movido muchísimo... como usted sabe también tengo un hijo pequeño al que debo hablarle y educarlo para que nadie abuse de el, no es fácil pero su valor al escribir esto me inspira para creer que el abuso infantil es algo que podemos frenar, empezando por educar a nuestros hijos con valor para no dejarse abusar, valores como la verdad, el respeto y la confianza deben acreditarse en el núcleo familiar, pero también cada vez que alguien como usted vence el dolor del pasado y expone su experiencia gente como yo reafirma la convicción de que desde mi trinchera haré lo que haga falta para contribuir a que esto no siga sucediendo.
    Gracias por su valor con cariño un abrazo de @Rampateg

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  3. La violencia, en cualquiera de sus formas, te deja marcado, de por vida. Por eso son todos los días tiempos para encontrar momentos de luz, paz y armonía. No soy una mujer "shalalá" (que ve todo rosa y esponjoso), pero sé que esos momentos existen (sin negar los otros).
    La cuestión más complicada a vencer, es nuestra propia mente, todo lo que nos enseñan que de nada, absolutamente nada sirve... y cambiarla por locuras que te hacen sentir que estás en paz. Todas esas cosas que crees y decretas cada día, la forma en la que reaccionas mental y emocionalmente hacia lo que te rodea, te fortalece o te contamina, la decisión al final, es propia, de nadie más.

    No se puede sola, necesitas ayuda incluso, para ayudar.

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