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miércoles, 4 de julio de 2012

Yo propongo un boicot...

Recientemente la sociedad anda con los ánimos en polos opuestos, o están muy tristes y se mantienen silenciosos, o están fúricos, pidiendo una revolución, quejándose del PRI como gobierno represor y ellos optando por un papel opresor-agresor. Y en esa ala de los acontecimientos, un grupo pidiendo un boicot para una empresa mexicana. No es la primera vez que los chairos hacen esto... hace 6 años querían boicotear WalMart, y no podían quedarse con las ganas de repetir la historia, ahora con Soriana.

Yo... estoy en contra de los extremos, en contra de la violencia, porque hay herramientas, existe la vía legal para un reclamo fundamentado, con pruebas y no con rumorología. No me agrada que un movimiento, agreda al Presidente del IFE, que Andrés Manuel no se deslinde de los excesos de sus fans radicales, pero éstos, le exigen a Enrique que se deslinde de los tranzas de su partido; y que las personas desconfíen de quien tomó un día de su vida, para llevar a cabo estas elecciones, junto a una institución vigilada por los mexicanos y por extranjeros se me hace un insulto a todos los que participamos.

¿Qué hago? A mí tampoco me gusta que Enrique Peña haya ganado la presidencia, pero, ¿Hay algo que yo pueda hacer? No, yo anulé mi voto, porque ninguno fue lo suficientemente bueno, y con esa conciencia, me comprometí a que, el que quedara, no hiciera las clásicas marranadas. Y hoy asumo mi responsabilidad, quizá mi labor, para vigilar que cumpla y hacerlo cumplir. También vigilar a un congreso que no tiene la mayoría Priista y estar pendiente de que a todos les toca trabajar, por el bien de México y de todos.

¿Qué propongo? Yo propongo... un boicot en contra de las personas corruptas, del que pide y paga mordidas, del que no llega a trabajar a su hora y se va puntual, del que paga "una corta" por no pasar los exámenes de manejo y poder sacar su licencia de conducir, al que se pase los altos, al que escupa en la calle, al que da dinero para que protección civil no se la haga de tos porque no tiene salidas de emergencia. Sí, pido un boicot en para el que abandona a sus hijos y a su esposa, quien tiene una amante, los que avisan dónde está el alcoholímetro en twitter, los que le dan un "pomo" al maestro para que los pase, para la que se embaraza para amarrarse al novio con un hijo.

Vamos a boicotear a quien tire basura en la calle, al que no limpie las cacas de su perro en la calle, al que contamine, al que compre piratería, al que regateé el precio de las artesanías que venden los indígenas, al que invente que está enfermo para quedarse a gusto en casa para pistear y comer botanas.

¿Quieren un boicot los jóvenes? Por qué no empiezan por boicotear los bares a los que los dejan entrar a consumir porquerías como el Bacardí, cervezas, cigarros e incluso drogas. Por qué no boicotean a los compañeritos que graban actos de bullying en la escuela, y luego los suben al YouTube. Boicoteen a la quinceañera que quiere una fiestota o un viajesote, aunque sus padres tengan que empeñar hasta la vida, al que se vuele las clases, al que se vaya de pinta, al que lastime a una compañerita, al que insulte a un maestro.

¿Les duele México? Pues no se nota.

martes, 13 de diciembre de 2011

México, el gran país incongruente


México es una nación, como no creo exista otra en el mundo. Somos un mar de incongruencias, contradicciones, justificaciones y no logramos avanzar porque somos más chistosos que trabajadores, más astutos que dedicados, comodinos, convenencieros y más flojos que un oso hibernando.

De aquí desprendo una serie de reflexiones que, a veces, me dan escalofríos.

Y es que, mientras existan ciudadanos que sean "más vivos" que los jefes, empleados saqueen la papelería de la oficina para la escuela de sus hijos; veamos asuntos personales pagados por la empresa, llamadas extensas a nuestro ligue en turno pagadas por todos menos por nosotros, saquemos fotocopias de documentos personales con cargo a nuestra empresa u oficina, en nuestra vida cotidiana seamos miserables pero cuando son viáticos de la empresa, pedimos el platillo más caro; reclamemos corrupción en las instituciones, y si alguien muere por vándalos, pidamos que a la institución encargada de hacer velar la ley, se le juzgue y a quien disparó, cárcel.

En breve, pedimos que se haga justicia en el vecino y no en nosotros. ¿Qué tienen qué criticar a políticos, si ustedes son igual o peor que ellos? Lo que digo reiteradamente: hablan mal de ellos, porque no están en su lugar para hacer lo mismo. Los extremos son muy fáciles de tocar, la media es “el reto”.

Ser justo e imparcial, defender al inocente sobre el perverso, actuar correcta y congruentemente, por lo que leo y veo diario, es tan difícil.

A veces no entiendo hasta dónde somos parte del mismo circo del que nos quejamos... queremos un país justo, pero nos reímos... cuando nos burlamos del SAT y no pagamos impuestos; vemos al viejito al que se le caen unas monedas y en lugar de alcanzarlo y regresarle su dinero, nos lo guardamos y cuidamos de que nadie nos haya visto. Los jóvenes se guardan el cambio de lo que su madre les encargó, y cualquier orden que les den, sacan el chantaje emocional para que no les digan nada; si no obtienen algo, sólo porque lo quieren, no importa si lastiman a alguien, lo obtienen.

Como hijos somos unas pistolas al insultar a nuestros padres, al patear a un viejito, o a un ciego que pide limosna. ¿Qué valores le estamos enseñando a nuestros jóvenes? Intolerancia, egoísmo, obtener a como de lugar lo que quieren, no esforzarse... de verdad que ¿esa será la sociedad del futuro? No, no estoy de acuerdo.

Nos sentimos chingones, cuando le ponemos el cuerno a nuestra esposa; como mujeres nos atascamos la boca, al decirle bruja a la esposa del cuate del que decidimos ser amantes, sabiendo que no somos las únicas, ah ¡pero somos reinas en ese momento de fregonería!

Como sociedad, lavamos la conciencia tan marrana que tenemos, pisando a morir al que se equivoca, juzgando al que hace bien las cosas, culpando a todos, menos a nosotros mismos de nuestras desgracias. ¡El problema no es este hermoso país! Es su gente. Nuestra oportunidad de oro radica en que, siendo el gran problema, somos los únicos que podemos darle solución

¿Nos importa realmente, nos atrevemos a cambiar?

¡Muy buena pregunta!