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sábado, 14 de abril de 2012

Amar la lluvia, amarte a ti

La lluvia me recuerda tanto a ti, me envuelve en ese sentimiento, a veces tan sensual, a veces tan especial; la luz, el olor, el ambiente que me transporta, que me provoca.

Ver llover y recordar el día que un árbol cobijó tantos besos y caricias; parecía que el árbol era tu cómplice y se amoldaba a mí para ti; ni la llovizna que envolvía al árbol te detuvo y yo tampoco te pedí que lo hicieras.

Cada caricia hacía que el cielo vibrara y se iluminara; cada gota, cada segundo, la pasión crecía. De pronto toda caricia, todo momento, se detuvo, te vi a los ojos, tomaste mi mano y caminamos.

Ese look tan despeinado, mi cabello empapado, tu mirada en mí, mi deseo en ti; y la lluvia mojaba nuestros cuerpos, intentando enfriar el momento previo. Urgente era dejar el bosque y entrar a la cabaña.

Entramos al refugio, prendiste la chimenea, intenté cambiar mi ropa, me detuviste con más besos. Un paso, un beso, una ropa en el suelo; un beso, un paso y el calor de la chimenea; una alfombra, tu piel y el calor del fuego.

Tus besos, tus manos en mí, mis manos en ti. La lluvia quería callarnos, los truenos deseaban distraernos, pero tu cuerpo bailaba con mi cuerpo, era una melodía, quizá era una guerra.

Y la lluvia seguía con su discurso, mientras yo memorizaba tu cuerpo. Que rico olía la noche, la chimenea y nuestros cuerpos.

Que delicioso era aprender las reacciones de tu cuerpo, que exquisito era sentir las reacciones de mi ser completo, extasiado de ti.

Terminó la lluvia, siguieron los besos, un tinto acompañó la charla previa al sueño; y al sueño lo acompañó el calor de tu cuerpo.

Y ese día vistiendo al amor de mi deseo, se quedó una mezcla con olor a fuego, besos, lluvia, truenos y pasión.

sábado, 16 de octubre de 2010

¿Cómo te amo?

¿Preguntas cómo te amo?

Déjame que te diga:
Te amo con la hondura, altura y amplitud
que mi espíritu alcanza cuando se siente lejos
del límite del Ser y de la Gracia.

Te amo como amo la vida cotidiana
bajo la luz del sol o de las velas.

Te amo libremente, como luchan los hombres
por las cosas más justas. Te amo con pureza
como al volver del rezo. Te amo con la fuerza
de mis antiguas penas, con la fe de mi infancia.

Te amo como amé aquéllos santos
que hoy ya tengo olvidados, con la risa el aliento,
y el llanto de mi vida. Y si Dios lo permite
aún mejor te amaré más allá de la muerte.

Elizabeth Barrett Browning

lunes, 12 de julio de 2010

Escuchaste... ¿Corazón?

Escuchaste...

Sentir la urgencia de escribir,
es una necesidad que crece en el alma.
Pero no para el alma que habita en espíritu,
es para la que se refugia en el corazón que vive,
que late y respira su propio tiempo,
bebe su agua divina, y sigue en su espacio,
lee en el mar de sensaciones lo correcto,
lo impreciso, lo exacto y el amor.

Cierra los ojos y camina lento,
siente que nada hay atrás de ti,
convenciéndote de que nada existe frente a ti.
Sólo tu caminar, lento y pausado
y lo que te espera dentro de ti.

Sientes el frío, buscas en tu alma,
te entretiene un beso de la lluvia,
te contenta un abrazo de sol.
La caricia de una sonrisa en las nubes,
los dedos amorosos del viento,
jugando en tu cabello, sintiendo tus labios,
robando un suspiro, regalando deseo
y dejando amor con un beso eterno.

Solamente hay algo que late a pesar de ti,
de él, de algunos y de los demás.
Se mueve a pesar de tu tristeza,
y de tus lágrimas, de tu sueño,
de la verdad y de tu respiración.

Ese pequeño corazón,
al que pocas veces escuchas
con el ruido de tu mente,
y a pesar de ti, de tu negación.
Corazón que con tus lágrimas o sin ellas,
late, pega, se rompe y se renueva,
contigo y sin ti, aún si lo niegas,
aún si lo sigues, sin contar que lo encierras.

Corazón, corazón al fin y al cabo,
que perdura y te dice siempre la verdad,
a pesar de la mente, de los oídos,
de los ojos, de las manos y del cuerpo.
Corazón que te grita…
¿Lo escuchaste?

miércoles, 26 de mayo de 2010

Sentimientos

Siento que el pecho
me va a explotar;
tanto amor reprimido,
no puede almacenarse
en un mi corazón.

Porque será tan
difícil encontrar a
alguien a quien amar,
un alma para compartir
el cielo y pasar la vida
a su lado hasta morir.

En mi mundo,
cuando platico
mis sueños,
todos se burlan.

No pido un milagro,
sólo quiero un hombre
que sepa amar,
que me quiera respetar.

Necesito amar,
pero de pensar
que me puedo equivocar;
no quiero continuar.

Tengo miedo de perder,
de regresar y volver,
sin comprender
por qué me dejé caer.

sábado, 22 de agosto de 2009

Historia

Nuestra historia comenzó
cuando el invierno terminaba;
y tu mirada atravesó,
la primavera de mi vida
que justo reiniciaba.

Parece que fue ayer,
cuando por primera vez te vi;
parece que fue ayer,
cuando te fuiste;
y es el hoy el que
para mí no es nada.

Muchas cosas entre los dos hicimos,
cuando los dos por vivir reímos;
tantas cosas los dos vivimos,
que hoy al recordar morimos.

Por un tiempo creaste confusión
en mi alma, en mis pensamientos;
y no sabía si te tenía o
si cada día te perdía más.

Que te amaba, lo sabías;
y si no decía nada,
era porque en silencio, sola,
por ti lloraba.

Adivinar tu pensamiento, nunca pude;
y tú en mis ojos, quizá,
pudiste ver una lágrima
que gritaba tu nombre,
que, tal vez, sólo decía
“te quiero”.

Te marchaste;
pero disculpa, olvidaste
tu recuerdo en mi corazón;
pero perdona,
te llevaste mi alma.

Disculpa, así no podrás dejarme.

Ese día, en la lucha que entabló
mi ideología y tu religión,
tu pensamiento y mi corazón,
el golpe que marcó mi destino
fue tu adiós sin explicación.

Ahora intento no rendirme,
pero deseo tenerte cerca de mí,
deseo desearte tanto;
para que regreses y para siempre
te quedes aquí.

Tu recuerdo sigue siendo
como afilada navaja,
que atraviesa mi alma ausente,
que atraviesa mi corazón sin fe.

Al nacer, mi destino era morir,
pero no sabía si podría elegir.

El día que pasó al mañana,
soy sincera y te lo digo,
jamás pensé que por amarte
tendría que morir.

Ayer… elegí.